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Con 35 millones de practicantes en todo el mundo, la afición al surf y al estilo de vida que lo rodea no deja de crecer. Ahora, la consolidación de las piscinas de olas artificiales para practicar este deporte abre nuevas vías de negocio. 

Es indiscutible que la práctica del surf va más allá del aspecto deportivo. Cada vez más marcas aprovechan los valores que transmite esta actividad para conectar con un público fiel y que genera un negocio millonario. Según la World Surf League, esta industria mueve unos 12.000 millones de euros al año, por lo que cualquier proyecto que conlleve acercar esta práctica a nuevos públicos despierta un enorme interés.

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Desde que el surfista Kelly Slater presentara en 2015 la piscina de olas artificiales Kelly Slater Wave Co, este tipo de instalaciones no han dejado de proliferar y se confirman como una atracción turística muy efectiva. Cuando Slater publicó un video de una ola artificial con un tubo perfecto, se generó un enorme debate en la red, y miles de aficionados empezaron a preguntar cuándo se abriría al público el complejo, que funciona con energía solar.

Existe otro motivo de peso que ha impulsado el auge de estas instalaciones. El 1 de junio de 2016, el Comité Olímpico Internacional anunció que el surf, junto con otros cuatro deportes (béisbol, skateboarding, kárate y escalada deportiva), formaría parte de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

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Todavía no se conocen los detalles de cómo ni dónde se celebrará la cita surfera. En un inicio, la organización de los juegos mencionó la posibilidad de realizarla en olas artificiales, aunque parece que, finalmente, se ha optado por olas naturales. No obstante, para prepararse sin depender de las condiciones meteorológicas, varios países ya han anunciado sus planes de construir grandes piscinas de olas para que sus equipos puedan entrenar. Por ejemplo, el gobierno australiano tiene previsto construir tres parques de surf en Sídney, Melbourne y Perth.

¿Qué os parece? ¿Son las piscinas de olas el futuro del surf?

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