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Desde mediados de los 90, la natación es un ejercicio imprescindible para los astronautas. Y no porque en esa década se descubriera una gran masa de agua en el espacio, sino porque, desde entonces, una parte fundamental de la preparación de los astronautas de la NASA se lleva a cabo en una piscina gigante

En la tierra, la mejor forma de experimentar una sensación similar a la gravedad cero es moverse bajo el agua. Para que los navegantes espaciales pudieran acostumbrarse a la ingravidez, la agencia espacial estadounidense construyó en 1995 una piscina cubierta de 61 metros de largo, 31 metros de ancho y 12 metros de profundidad cerca del Johnson Space Center de Houston, en Texas.

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Esta infraestructura es más grande que una piscina olímpica y se conoce como Neutral Buoyancy Laboratory (NBL). Los 234.650.000 litros de agua que la llenan se mantienen a una temperatura de entre 27 y 30 grados centígrados, y se renuevan cada 20 horas. A simple vista, el tanque parece una gran instalación acuática deportiva, pero bajo su superficie se esconde algo que pocas personas esperarían ver en el fondo de una piscina: una réplica de la Estación Espacial Internacional.

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El NBL desempeña un papel esencial en la formación de los astronautas que se preparan para una misión. Por ejemplo, cuando es necesario enviar a una tripulación a reparar una pieza del transbordador espacial o a actualizar el sistema informático de la estación, la misión se ensaya varias veces en la piscina del laboratorio.

Para que las condiciones bajo el agua sean lo más parecidas posible al entorno espacial, en los trajes de los astronautas y en las piezas sumergidas se añaden pesos que los mantienen en un estado de flotabilidad neutral (“neutral buoyancy”, en inglés) y evitan que emerjan o se hundan. Asimismo, para familiarizarse con el sistema de comunicaciones, en los trajes se instalan receptores similares a los que los navegantes utilizarán en la misión.

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Pese a todos estos esfuerzos, hay dos aspectos del medio espacial que es imposible replicar. El primero es la ausencia de fricción. En el espacio, cuando un objeto se mueve lo hace de forma continua hasta que topa con algún tipo de resistencia. En cambio, en la piscina del NBL, la fricción del agua frena el movimiento. Por otra parte, en el espacio, los astronautas no notan su peso ni masa corporal, algo que sí sucede bajo el agua.

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Desde la creación del NBL en Houston, se han construido instalaciones acuáticas similares en otros puntos de los Estados Unidos y Rusia, aunque ninguna tan grande como la de esta ciudad texana.

En este vídeo inmersivo de realidad virtual en 360º podéis sumergiros en las aguas del Neutral Buoyancy Laboratory.

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