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¿Alguna vez te has preguntado por qué tantos restaurantes chinos tienen acuarios? La respuesta no está relacionada con un interés especial por los peces, sino que hay que buscarla en el Feng Shui. Según esta filosofía, basada en la idea de ocupar los espacios de forma consciente y armónica, el agua simboliza buena fortuna y contribuye mucho al bienestar físico y mental de las personas.

A la hora de amueblar y decorar el hogar, muchos tienen en cuenta las recomendaciones de esta disciplina de origen taoísta. Lo que no es tan habitual es plantearlas a la hora de diseñar las zonas exteriores de la casa. El agua es uno de los elementos básicos del Feng Shui (que se traduce literalmente como “viento y agua”) y, por consiguiente, la piscina puede tener un gran impacto en la serenidad del hogar.

Según el Feng Shui, lo mejor es apostar por una piscina sin ángulos: redonda, ovalada o con forma de riñón. Estas formas evitan la acumulación de energías en las esquinas y estabilizan la situación financiera de la familia. No obstante, si ya tenemos una instalación rectangular cuyos ángulos apuntan directamente a la casa (o a las zonas de descanso del jardín), podemos conseguir los mismos beneficios colocando plantas en las esquinas.

En cuanto a las dimensiones, lo más importante es la proporcionalidad. En el Feng Shui, el agua es un elemento muy poderoso, por lo que una piscina demasiado grande puede alterar de forma notable el equilibrio energético del hogar. También es recomendable no situar la piscina muy cerca de la casa para evitar una sensación de “ahogo” entre sus habitantes.

Además, para que la instalación esté siempre cargada de energía positiva, es conveniente emplazar buenos sistemas de bombeo o fuentes que mantengan el agua en movimiento y la renueven de forma constante. Si es posible, es muy interesante que el agua fluya en dirección hacia el hogar. De este modo, la piscina proyectará propiedades curativas a toda la familia.

Por último, para garantizar un buen equilibrio en el entorno, es muy recomendable que los cinco elementos estén integrados armónicamente en el jardín. Así pues, además del agua de la piscina, conviene incorporar metal (escaleras, material de mantenimiento), madera (plantas, mobiliario exterior), tierra (piedras, macetas, objetos de cerámica), y fuego (sistemas de iluminación, velas).

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